El año 1980, cuatro actores -ante el Instituto del Teatro dónde se habían conocido y habían estudiado Pantomima bajo la maestría de Pawel Rouba y Andzrej Leparski- bautizaban su proyecto con el nombre de Compañía de Pantomimas Vol·Ras.
Como por arte de magia y sobre todo porque nosotros lo veíamos así, nuestro objetivo era: hacer teatro abriendo nuevos caminos al lenguaje del gesto, con una buena dosis de humor, y sobre todo que esto llegara a seducir el público.
Dos cosas más que siempre hemos tenido presentes. La primera, jugar con situaciones y personajes que la gente pueda reconocer, es decir, que forman parte de nuestro mundo y que nos sirven de fuente de inspiración y de observación, especialmente aquellas relaciones humanas que muy a menudo nos muestran la propia ridiculez. Y la segunda, poner en escena los objetos, los vestuarios y escenografías indispensables para que la obra sea guapa, pero no recargada inútilmente.


Hemos intentado no ponernos límites de ninguna clase para hacer volar nuestra imaginación. Por eso, hemos utilizado todas las herramientas y técnicas de las que hemos sido capaces: malabarismos, acrobacias, instrumentos musicales, trucos de magia, monociclos, equilibrios, pirotecnia... como también la voz (en la creación de un lenguaje el ‘catinglish’, o como fuente de onomatopeyas y de lenguaje sintético), el silencio y la música.
Todas estos aventuras las hemos traído adelante con cuatro directores colaboradores y una duodécima de actores y actrices, pero quienes siempre hemos sido el motor y continuadores de la Compañía hemos sido Joan Fanega y Joan Segalés, que actualmente continuamos alimentando esta ilusión que denominamos Vol·Ras.
Lo que tiene gracia es ver cómo hemos conseguido contagiar la risa y el buen humor con una herramienta tan simple y a la vez tan compleja como es el lenguaje del cuerpo.
Nuestra manera de hacer teatro parece inocente; pero es que además de entretener y distraer, consigue hacer volar la imaginación a partir de situaciones y relaciones entre las personas que son más cómicas de lo que normalmente creemos. Y no os engañáis, resultan más cómicas cuanto más cargadas de dificultades, de tragedia, de suspenso y -especialmente- de sorpresas.
Vol·Ras, una compañía que os quiere entrar por la cara, los ojos, las orejas y sobre todo por la boca, cuando la sonrisa se convierte en risa y es expresión de una grata emoción.